lunes, 26 de septiembre de 2011

DIONISOS, EL DIOS DEL VINO

En la mitología griega, Dioniso o Dionisos (Διóνυσος), era el dios del vino y el exceso. Hijo de Zeus y de la mortal Sémele, hija de Cadmo, fue él quien enseñó a los hombres a cultivar la vid y a fabricar el vino. Fue también conocido como Baco (mitología romana) (en griego antiguo Βακχος Bakkhos) y el frenesí que inducía, bakcheia. Es el dios patrón de la agricultura y el teatro. También es conocido como el ‘Libertador’ (Eleuterio), liberando a uno de su ser normal, mediante la locura, el éxtasis o el vino. La misión divina de Dioniso era mezclar la música del aulós y dar final al cuidado y la preocupación.

Los investigadores han discutido la relación de Dioniso con el «culto de las almas» y su capacidad para presidir la comunicación entre los vivos y los muertos. El nombre Dionysos es de significado incierto. Su elemento -nysos bien puede ser de origen no griego, pero dio- ha sido relacionado desde antiguo con Zeus (genitivo Dios). Para los autores griegos, Nisa era una ninfa que lo crio o la montaña donde era atendido por varias ninfas (las Nisíades), que le alimentaron y le hicieron inmortal por orden de Hermes.

Los romanos le identificaron con el antiguo dios itálico Liber Pater que era una deidad de las viñas, el vino y el delirio místico, como el dios griego. Hoy en día el adjetivo báquico se refiere a los efectos del vino. Moría cada invierno y resucitaba en la primavera y con él renacían también los frutos de la tierra. En Los misterios de Jesús. El origen oculto de la religión cristiana (2000), Timothy Freke y Peter Gandy plantean la hipótesis de que Jesús de Nazaret no existió, sino que fue un mito de origen judío, al modo de Dioniso.

Para celebrar su resurrección se organizaban grandes fiestas de rituales orgiásticos que agradaban mucho al dios. Los actos eran muchos y variados y con el tiempo se incluyó también una competición de obras dramáticas cuya sede era la ciudad griega de Atenas. Esta competición se llevaba a cabo durante cinco días en la primavera. Grandes dramaturgos griegos como Esquilo, Sófocles y Eurípides escribieron obras para estas fiestas que eran preservadas en el archivo del templo de Dioniso.

Dioniso representaba la emoción y el caos, características que contrastaban con las de Apolo, dios del sol, que simbolizaba la armonía, el orden y la razón. Los diferentes roles atribuidos a estos dioses quedan reflejados en los adjetivos apolíneo y dionisíaco, analizados por Nietzsche en El origen de la tragedia. Sin embargo, los griegos pensaban en las dos cualidades como complementarias: los dos dioses son hermanos, y cuando Apolo en el invierno se marchaba a la Hiperbórea dejaba el oráculo de Delfos a Dioniso. En el tímpano del oeste del gran templo de Delfos se esculpió el tíaso, que era la reunión de fieles que celebraban el culto a Dioniso. Este culto era una religión mistérica con un aspecto público y otro interior, reservado para los iniciados.

Las seguidoras de Baco eran las bacantes y sus fiestas las bacanales. Las bacantes eran famosas por su desenfreno (y la creencia de que consumían carne cruda), reflejado en la tragedia homónima de Eurípides y en el mito de Orfeo, a quien despedazaron al verse rechazadas por él. Se dice que las primeras bacantes fueron las ninfas que cuidaron de Dioniso cuando niño, las llamadas ménades. El dios Pan formaba también parte de su cortejo. Como símbolo de su divinidad empuñaba el tirso, cetro cubierto de hojas de hiedra o vid, y se le asociaba simbólicamente al burro. Su origen es probablemente tracio o frigio.

ADORACIÓN. Dioniso es un dios de ritos religiosos mistéricos, como los para Deméter y Perséfone en la ciudad de Eleusis, próxima a Atenas. Dioniso lleva el basjaris o piel de zorro, simbolizando la viña y la fauna. Sus propios ritos, los Misterios eleusinos, eran los más conocidos por todos. Muchos investigadores creen que Dioniso es un sincretismo de una deidad griega local de la naturaleza y un dios más poderoso de Tracia o Frigia, como Sabacio.


Heródoto sabía que el culto a Dioniso llegó más tarde a los griegos que el resto, pues comenta:

Así es, la historia griega cuenta que tan pronto nació Dioniso, Zeus lo llevó a Nisa en Etiopía allende Egipto, y como con Pan, los griegos no saben qué fue de él tras su nacimiento. Resulta por tanto claro para mí que los griegos aprendieron los nombres de estos dos dioses más tarde que los nombres de todos los otros, y sitúan el nacimiento de ambos en el momento en que los conocieron.

Muchos griegos estaban seguros de que el culto a Dioniso llegó a Grecia desde Anatolia, pero sus nociones sobre si Nisa estaba situada en Anatolia, en Libia («lejos al este junto al gran océano»), Etiopía (Heródoto) o Arabia (Diodoro Sículo) son lo suficientemente variables como para sugerir que se pretendía un lejano país mágico, quizás llamado Nysa, para explicar el ilegible nombre del dios: ‘dios de Nisa’. Apolodoro parece seguir a Ferécides, quien cuenta cómo el infante Dioniso, dios de la parra, fue criado por las ninfas de la lluvia, las Híades, en Nisa. Sin embargo, el nombre que los hititas anatolios se daban a sí mismos en su propia lengua (nesili) era Nesi. La influencia hitita en la cultura griega antigua casi nunca es apreciada.

Las anteriores contradicciones sugieren a algunos que no se está tratando con la memoria histórica de un culto extranjero sino con un dios inherentemente extranjero. Y de hecho, el nombre de Dioniso aparece en las tablillas en idioma micénico como DI-WO-NI-SO-JO, y Károly Kerényi lo localiza en la Creta minoica, donde su nombre minoico es desconocido pero su característica presencia resulta reconocible. Claramente, Dioniso había estado con los griegos y sus predecesores mucho tiempo, y aun así retuvo siempre cierto carácter de extranjero.

El toro, la serpiente, la hiedra y el vino son los signos de la característica atmósfera dionisíaca, y Dioniso está estrechamente asociado con los sátiros, centauros y silenos. A menudo aparece montando un leopardo, llevando una piel de leopardo o en un carro tirado por panteras, y también puede ser reconocido por el tirso que lleva. Además de la parra y su alter ego salvaje estéril, la hiedra venenosa, ambas a él consagradas, la higuera también era un símbolo suyo. La piña que coronaba su tirso le relacionaba con Cibeles, y la granada con Deméter. En Atenas se celebraban en su honor las Dionisias y las Leneas. Los iniciados le adoraban en los misterios dionisíacos, que eran parecidos y estaban relacionados con los misterios órficos, y pueden haber influido sobre el gnosticismo.[cita requerida] Se decía que Orfeo había inventado los misterios de Dioniso.

BACANALES. En el mundo griego y romano, las bacanales (latín: Bacchanalia) eran fiestas en honor a Baco (dios mitológico romano del vino, del que procede el nombre) o Dioniso (su equivalente griego), en las que se bebía sin medida. Las sacerdotisas organizadoras de la ceremonia se llamaban bacantes y el nombre ha quedado asociado a las orgías romanas. El culto primitivo era exclusivamente de mujeres para mujeres y procedía del culto original al dios Pan.


Escándalo de las Bacanales. Una cortesana llamada Hispala Fecenia reveló el secreto de estas prácticas a un joven que amaba, Publio Aebutio para protegerle de su propia madre que quería iniciarle en los misterios de Baco. Siguiendo el consejo de Hispala, Publio se negó a ser iniciado en los misterios. Fue obligado por su madre y por el marido y buscó refugio con una de sus tías, que le aconsejó que contara esta historia al cónsul Postumio.

El cónsul decidió llevar a cabo una investigación secreta. El Senado temió que bajo la secta se ocultase una conspiración contra la República. Encargó a los cónsules informes contra las bacanales y los sacrificios nocturnos, prometiendo recompensas a los informantes y prohibiendo las reuniones de iniciados.

La notoriedad de estas fiestas, donde se suponía que se planeaban muchas clases de crímenes y conspiraciones políticas, provocó en 186 a. C. un decreto del Senado —el llamado Senatus consultum de Bacchanalibus, inscrito en una tablilla de bronce descubierta en Calabria (1640) y actualmente en Viena— por el que las bacanales fueron prohibidas en toda Italia, excepto en ciertas ocasiones especiales que debían ser aprobadas específicamente por el Senado. Pese al severo castigo infligido a quienes se sorprendía violando este decreto, las bacanales no fueron sofocadas, especialmente en el sur de Italia, durante mucho tiempo.

Los carnavales actuales provienen de la herencia de las antiguas bacanales, saturnales y lupercales. Introducidas en Roma (c. 200 a. C.) desde la cultura griega del sur de Italia o a través de la Etruria influida por Grecia, las bacanales se celebraban en secreto y con la sola participación de mujeres en la arboleda de Simila, cerca del monte Aventino el 16 y 17 de marzo. Posteriormente, se extendió la participación en los ritos a los hombres y las celebraciones tenían lugar cinco veces al mes.

DIONISO EN EL MITO Y LA LEYENDA. La fábula de su nacimiento cuenta que estando embarazada Sémele de seis meses, la celosa Hera, esposa de Zeus, disfrazada de anciana la convenció para que pidiera a su amante que le mostrara su verdadera naturaleza. Al pedírselo a Zeus, sin embargo, éste se no accedió, negándole entonces ella sus favores en tanto no accediera. Zeus, lleno de ira, se transformó en rayo y consumió a su amante pero antes Hermes consiguió salvar al niño cosiéndolo al muslo de Zeus y asistió al parto al cabo de tres meses. Es por esta razón por la que se conoce a Dioniso como «el dios nacido dos veces».


Cuando Hefesto se negó al ruego de Hera y Tetisde que regresara al Olimpo intervino el dios Dioniso, quien mediante una pócima logró la promesa de Hefesto de acudir a la llamada de Hera.

Al huir de Creta, Teseo se llevó consigo a Ariadna, hija del rey Minos, pero, según la tradición más común, la abandonó dormida en la isla de Naxos, aprovechando una escala del barco. Allí la encontró el dios Dioniso y la hizo su esposa, regalándole como presente nupcial una magnífica corona de oro fabricada por Hefesto. También tuvo amores con Afrodita.

En La Ilíada, Canto VI, 123, Diomedes, hijo de Tideo, dice a Glauco, vástago de Hipóloco:

Poco vivió el fuerte Licurgo, hijo de Driante, que contendía con las celestes deidades: persiguió en los sacros montes de Nisa a las nodrizas del furente Dioniso, las cuales tiraron al suelo los tirsos al ver que el homicida Licurgo las acometía con la aguijada; el dios, espantado, se arrojó al mar y Tetis le recibió en su regazo, despavorido y agitado por fuerte temblor que la amenaza de aquel hombre le causara; pero los felices dioses se irritaron contra Licurgo, cegole el Cronión, y su vida no fue larga, porque se había hecho odioso a los inmortales todos.

La leyenda de Dioniso y los piratas. Dioniso, en su recorrido por Grecia y Asia Menor, llegó de nuevo a Argos y quiso acercarse a la isla de Naxos. Para ello contrató los servicios de unos piratas tirrenos. Los piratas fingieron aceptar el trato pero en lugar de conducirle a Naxos pusieron rumbo a Asia con el fin de venderle allí como esclavo. Dioniso se dio cuenta y con ayuda de su poder transformó los remos de la nave en serpientes, llenó el barco de hiedra y después hizo sonar unas flautas invisibles. Finalmente paralizó la nave entre enramadas de parra.

Los piratas, enloquecidos y asustados, se arrojaron al mar y una vez allí se convirtieron en delfines, cuyas almas seguían siendo de piratas, pero piratas arrepentidos. La leyenda dice que por eso los delfines acompañan y salvan a los náufragos, porque son aquellos piratas que quieren expiar su culpa. La historia se propagó y así el poder de Dioniso fue reconocido por todo el mundo y el dios pudo ascender a los cielos después de haber terminado su tarea en la Tierra.


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